I. Introducción.
Este espacio, fundado en el siglo XVI, pertenece al Municipio Puente de Ixtla, en el Estado de Morelos. Actualmente, este lugar alberga un hotel de lujo, pero respeta la arquitectura con la que fue concebida hace casi cinco siglos.
No hay que confundirnos, pues a pesar del nombre con el que actualmente se le conoce –Hacienda Vistahermosa-, éste fue un trapiche que pertenecía a la Hacienda de Temisco. Pero, ¿qué es un trapiche? Es un espacio dedicado a la extracción del jugo o grano de algún producto agrícola, generalmente azúcar. Es decir, el espacio que actualmente abarca el hotel, es sólo una pequeña parte del complejo total que ocupaba la Hacienda de Temisco.
Entonces, ¿qué es una hacienda? Simplemente es definida como el conjunto de los bienes de una persona. Sin embargo, en la época colonial, ésta era concebida como “una propiedad situada en el medio rural que contaba con sólidas construcciones, habitaciones, capilla, almacenes, corrales y demás edificios” Como se podrá notar, poco distaba de la organización feudal propia de la edad media. Esto es debido a que, éstas formas de organización territorial surgieron poco después de finalizar la conquista. Si bien, ésta terminó alrededor de 1530, la edad media –oficialmente hablando- había terminado hacía apenas 38 años. De ahí la similitud entre ambos tipos concepciones terrenales.
De esta manera, a los españoles vencedores, se les otorgaron tierras para producir cereales, ganado, trigo, azúcar de caña o para fundir metales o hacer textiles.
Los muros con los cuales se delimitaba el perímetro de una hacienda servían como protección anti intrusos, a la vez que daban un aspecto de distanciamiento hacia el resto de la comunidad. “Representan una dualidad al ser a la vez espacio productivo, agrícola o fabril, y a la vez espacio habitacional, tanto de trabajadores como de sus dueños.”

II. Las haciendas azucareras.
El origen de la caña de azúcar es árabe. Debido a la expansión y fuerte poderío del islam, éste llegó a España cuando fue conquistada por los musulmanes. Pero, a pesar de que los reyes católicos hicieron retroceder a los musulmanes, muchos de los usos y costumbres del medio oriente se quedaron impregnados en el reino español. Tal es el caso del cultivo de la caña de azúcar.
Debido a las fértiles tierras de la Nueva España y al clima propicio del actual estado de Morelos, la caña de azúcar encontró un ambiente fecundo para su plantación. “El cultivo de la caña de azúcar se propagó por todo el territorio inmediatamente después de la conquista, al grado de que el dulce elaborado con ella se convirtió, después de la plata, en el segundo producto mercantil de todo el virreinato de la Nueva España.”
El crecimiento de las haciendas azucareras al iniciar el siglo XVII fue exponencial. De los tres que hubo durante el siglo XVI, al siguiente hubo 30 y para el XVIII ya eran 45. Esto solamente en la región de Cuernavaca y Cuautla.

III. La hacienda San José, Vistahermosa.
La hacienda Vistahermosa, que como quedó arriba estipulado, en realidad era un trapiche, fue fundada en el siglo XVI, y se tiene registro de que para el siglo XVIII era arrendada por pequeños empresarios locales. Casi podría decirse que era una propiedad comunal. Sin embargo, para 1806, don Gabriel Joaquín de Yermo y de la Bárcena, la estableció como una unidad productora independiente. Es decir, en el terreno perteneciente al trapiche, se empezó a cultivar. Decisión ventajosa, pues, además, muy cerca del terreno pasaba el río Jojutla.
A la muerte de don Gabriel, lo heredaron sus hijos José María y Gabriel José, los cuales al manejar mal el negocio y por las tensiones políticas, sociales y económicas propias de la época, lo adjudican como pago a Tomás Santibáñez en 1843.
Sin embargo, tan sólo pasaron siente años para que en 1850, los hermanos Miguel y Leonardo Mosso adquirieran la propiedad. Estos hermanos, pertenecían a una familia adinerada de comerciantes que incursionaron en el negocio azucarero. Su trabajo en inversión en este lugar, hicieron que para el año siguiente, se le considerara un ingenio azucarero de regular tamaño y que costaba 100,291 pesos. Cantidad exorbitante, si se toma en cuenta que en promedio, un campesino ganaba 10 centavos diarios.
Después de pasar por varias manos durante el siglo XIX, el 15 de diciembre de 1899, al ser el dueño don Manuel V. Vidal, la hacienda dejó de fabricar azúcar y se empezó a dedicar a la fabricación de alcohol y aguardiente. Esta idea se implementó al darse cuenta lo que los hermanos Mosso hacían: “…al desviar los “alcoholes”, agua sobrante de los riegos de los campos de caña, hacia el valle, se podía obtener un néctar que gustaba a todos.”
Así, tras los prósperos años que el terreno disfrutó durante la época porfirista, cuando la Revolución se presenta, la tierra se tuvo que repartir por ejidos, que actualmente son: Puente Ixtla, Alpuyeca, Vistahermosa, Tlatenchi, Ahuehuetzingo, El Estudiante, Tquesquitengo, Río Seco, Xoxocotla, El Jicarero, Tehuixtla y Galeana. Estamos hablando de aproximadamente 1345 hectáreas.
Ya para la segunda mitad del siglo XX, las construcciones, en estado de abandono, fueron adquiridas por Fernando Martínez y Fernando González, quienes después de algunos años de remodelación y trabajo, abrieron las puertas de este lugar como hotel. El cual, sigue funcionando así hasta la fecha.

IV. Distribución arquitectónica de San José, Vistahermosa.
Este terreno contaba con algo que comúnmente se denominaba como cascos. Los cascos son las fachadas arquitectónicas de las haciendas. Es decir, la casa, el establo, la capilla, el hospital, etc. En el caso de este lugar, también contaba con acueducto.
De manera específica, el casco del trapiche contaba con lo siguiente:
1) Una casa habitación de dos pisos con 22 piezas.
2) Corredor en los altos con arcos.
3) Tres locales que sirven de almacén.
4) Cuatro galeras en las que estaban instaladas las fábricas de aguardiente y los depósitos del mismo.
5) Una capilla.
6) Una tienda de víveres.
7) Otra casa independiente de 6 piezas que ocupaba el dueño de la bodega.
8) Una panadería.
9) Un patio exterior y uno interior.
10) Corral para la mulada y caballeriza.
11) Huerta.

Como podrá observarse, el poderío productivo y económico de este lugar era de considerables dimensiones.
Las haciendas jugaron un papel de suma importancia para la economía colonial y posteriormente, para la mexicana. Su modo de organización moldeó gran parte de la vida rural, pero también influenció la vida urbana, al surtir éstas de diferentes productos a las grandes urbes como la Ciudad de México, Puebla, Veracruz, etc.
“A partir de las transformaciones lógicas que debió sufrir para adecuarlo a su nuevo uso, este monumento guarda testimonio aún de ciertos elementos (…) e infinidad de detalles testimoniales de la arquitectura tradicional en esas épocas, como arcos, contrafuertes, bóvedas, ventanas y puestas que han sido hábilmente adaptados como elementos decorativos de este conjunto turístico, con un clima y una vegetación paradisíaca.”