Escrito por Sergio Hugo Salas Rodríguez

1. Introducción.

El ex convento de Regina Coeli está ubicado en la esquina de las Calles de Regina y Bolívar, Delegación Cuauhtémoc, en el actual centro histórico de la Ciudad de México; a tan sólo un par de cuadras de la estación de metro Isabel la Católica.

Imagen extraída del libro: El libro de mis recuerdos : narraciones históricas, anecdóticas y de costumbres mexicanas anteriores al actual estado social.

Esta construcción, que ha visto el pasar de los siglos, es de las más antiguas no sólo en México, sino en todo el continente americano. Es un mudo testigo del desarrollo que la ciudad ha tenido desde  la temprana época colonial.

Dentro de este ex convento, habitaron las monjas de la Concepción, orden religiosa proveniente de España y que tiene la característica de ser exclusivamente de mujeres. Teniendo esta información en cuenta y para adquirir un mejor entendimiento sobre el ex convento, es prudente hacer una muy breve reseña sobre la Orden Concepcionista.

 

2. La Orden Concepcionista.

Poco más de sesenta años antes de la llegada de Cristóbal Colón a América (1492), nació Beatriz de Silva en 1430. Los padres de esta mujer fueron  nobles emparentados con los reyes de Portugal y Castilla; lo cual nos hace pensar que Beatriz de Silva provenía de una familia acomodada.

Durante su pubertad, debido a la influencia familiar con la que contaba, Beatriz pudo ingresar a la Corte Portuguesa, volviéndose así dama de la princesa Isabel la Católica, quien, al casarse con el rey Don Juan II de Castilla se llevó a sus damas a vivir a España.    –Ya se habrá dado cuenta, amigo lector, que no es mera coincidencia que el ex convento de Regina de Coeli esté muy cerca de la estación de metro Isabel la Católica-.

Sin embargo, los celos que la reina Isabel tenía hacia Beatriz, provocaron que ésta última se fuera a Toledo en donde se enclaustró en el Monasterio de Santo Domingo de Silos.

No obstante, tiempo después,  Beatriz de Silva fue visitada por la reina Isabel, a quien hizo de su conocimiento el deseo de fundar una orden de veneración al misterio de la Inmaculada Concepción. “La Reina Isabel, la de las grandes empresas, era como toda la España de aquellos tiempos, profundamente Mariana, por esto no sólo ve con gusto la proposición de Beatriz, sino que tomándola como cosa propia, mueve sus influencias en Roma, hasta lograr de S.S. Inocencio VIII la Bula aprobatoria que daba a la orden Concepcionista la regla del Cister y la colocaba bajo la jurisdicción ordinaria”[1]. En otras palabras, el Papa Inocencio VIII, concedió el permiso a la reina Isabel para que Beatriz de Silva fundara su orden religiosa.

Una vez obtenida la aceptación papal, la reina concedió, para el desarrollo concepcionista, los palacios de Galiana e Iglesia de Santa Fe, para que los jóvenes que desearan unirse a la orden religiosa pudieran ahí enclaustrarse.

Imagen extraída del libro: Conventos de monjas. Fundaciones en el México virreinal.

No obstante, a la muerte de Beatriz de Silva en 1498, Fray Juan de Tolosa tomó la batuta para encargarse de las novicias concepcionistas y nombró abadesa a Felipa de Silva, sobrina de Beatriz.

Una vez establecida firmemente esta orden en el reino español, pasó poco tiempo para que las concepcionistas encontraran un terreno propicio en el cual pudieran esparcir la religión católica y su culto a la inmaculada concepción. Este lugar, claro está, fue la Nueva España. Las monjas concepcionistas siempre se preocuparon por captar e impartir una educación y vida religiosa que cumpliera con llevar a cabo el proceso de cristianización en niñas, el cual empezó inmediatamente después del conflicto bélico en el que Tenochtitlán cayó. Los conventos fueron los lugares precisos para cumplir con dicho objetivo; representaban pues, el florecimiento de la vida cristiana tras haber vencido al infiel. Bajo este contexto, podemos dar paso a la historia del ex convento de Regina.

Imagen extraída del libro: Conventos de monjas. Fundaciones en el México virreinal.

3. El ex convento de Regina Coeli.

Como se mencionó antes, la Orden Concepcionista fue fundada para honrar el misterio de la inmaculada concepción. Esto, nos indica un enfoque mariano existente en dicha orden. De hecho el nombre de este ex convento es una remembranza en latín de la Virgen: “(…) se eligió por patrona a la Reina del Cielo –Regina Coeli- y al Misterio de su Natividad.”[2]

Con respecto a su fundación, el documento que quizá se acerque con más precisión a su apertura sea el que se encuentra en el Archivo General de la Nación, el cual indica que el día 4 de octubre de 1573, diez religiosas del Convento de la Concepción (el más antiguo de la Nueva España) salieron de ahí para fundar el Convento de la Natividad de Regina Coeli. Resulta curioso, pero el permiso del Papa Gregorio XIII para la construcción del convento de Regina Coeli llegó cinco años después de la supuesta fundación del ex convento; es decir, en 1578. Esto, debido a las grandes distancias que la aceptación tuvo que recorrer: Del Vaticano al reino español y de ahí hasta la Nueva España.

Casi un siglo después de su fundación, en 1655, don Melchor de los Terreros donó a las monjas de este convento 25,000 pesos para edificar la primera iglesia del convento que fue terminada el 19 de marzo del siguiente año. Y ya entrado el siglo XVIII, en 1733, se acabó de construir la capilla encargada por el presbítero don Buenaventura de Medina Picazo pocos años antes, cuyo nombre es La capilla de la Purísima Concepción.

3.1) Vida en el convento.

En el convento de Regina Coeli, la educación era exclusiva para jóvenes españolas y criollas (hijas de españoles nacidas en la Nueva España). Sus requisitos eran: “buena salud, diez y ocho a veinticinco años de edad, vocación verdadera, e ingreso por propia voluntad, elementales conocimientos de letras, matemáticas y oficios mujeriles, además del pago de 4,000 pesos de dote.”[3] Al tomar en cuenta la exclusividad de este convento y los requisitos de aceptación, se puede inferir que éste tenía como objetivo la educación de señoritas provenientes de familias acomodadas. Dos son los indicios que nos lo hacen saber: admisión sólo de españolas y criollas y el pago de la exorbitante cantidad de 4000 pesos a la que las castas inferiores –mestizos, mulatos, indígenas y negros- no tenían acceso.

Además, es de hacer notar que el convento no era el que mantenía a las monjas que ahí habitaban. Éste sólo servía como sitio de resguardo, educación y retiro espiritual. “Cada monja recibía diaria o semanariamente cierta cantidad de dinero para sus sustento y era clásico en la alimentación de las concepcionistas el tomar chocolate (…)”[4], de hecho, popularmente a las monjas se les conocía como monjas chocolateras.

Algo de recalcar de este ex convento, es que contaba con una botica. En ésta se fabricaban polvos purgantes, que eran vendidos a quien lo solicitaba. No se sabe cuál era el procedimiento de fabricación de estos polvos, ni de qué estaban compuestos, pues era secreto de las monjas. También se fabricaba un agua para atender el mal de ojos, aunque nunca se especificó a qué mal de ojos se referían las monjitas; este, a diferencia de los polvos purgantes, era gratuito.

No cabe duda que la función que las monjas del ex convento de Regina de Coeli desempeñaron, fue de gran importancia para la sociedad novohispana.  A través de su vida acética y principios religiosos, promovieron y dieron forma al buen comportamiento femenino para que éste se amoldase al lugar que le correspondía dentro de la sociedad.

 

3.2) Historia arquitectónica del convento.

Como ya quedó establecido, no se sabe la fecha exacta de la fundación del ex convento, aunque tentativamente, se fundó en el año de 1573.

Aunque el 19 de marzo de 1656 se fundó la primera iglesia, ésta se empezó a construir desde 1583, es decir, diez años después de la supuesta apertura del ex convento. Su arquitecto fue Diego de Aguilera.

A cargo de la cantera para la construcción de dicha iglesia estuvo Jerónimo de Amarilla. En un inicio se encargó dicho material a los frailes de San Pablo, aunque después, en 1586, la cantera blanca se sustituyó por piedra berroqueña, proveniente de la sierra de Chiluca. Para este momento ya se tenían los escalones de las dos portadas, el altar mayor y dos colaterales.

Debido a la insuficiencia de fondos, en 1594, la construcción de la iglesia quedó suspendida por 60 años. El proyecto se retomó en 1655 gracias a la donación de Melchor de los Terreros (anteriormente mencionada); hubo cambios al diseño original; y como el arquitecto Diego de Aguilera ya había fallecido, se decidió que Diego López Morillo lo sustituyese.

Los cambios consistieron en dejar del mismo tamaño que la puerta principal a la puerta chica. “Además se incrementó la altura de la capilla mayor, y de la puerta de la sacristía.”[5] Al año siguiente, en 1656, la iglesia entró en funciones.

Sin embargo, su renovación se dio en 1721 cuando fray José de Lanciego y Eguiluz dio 25,000 pesos para sustituir su techo de madera por una bóveda de piedra.

Otro cambio de importancia que se le hizo fue el 27 de julio de 1732, cuando se le aumentó un retablo de San Francisco, el cual lo empezó el maestro ensamblador Salvador Ocampo y lo terminó su hijo Simón.

Otra construcción perteneciente al ex convento es la Capilla Medina Picazo, cuya construcción empezó en 1728 y culminó en 1733. Aunque la fachada fue de los primeros detalles decorativos, ésta se enriqueció pocos meses después de finalizada la construcción, “se le añadieron los ondulantes elementos barrocos, característicos de Miguel Custodio Durán, su arquitecto.”[6]

No es de sorprenderse que el ex convento sufriera tantos cambios y renovaciones durante la época colonial, pues, después de todo, la religión era algo que estaba inmerso en las raíces culturales de la Nueva España.

Debido a que la vida giraba en torno a la religión, la forma más común de mostrar la devoción cristiana, era haciendo mejoras y cambios a los lugares sagrados y claves del orden novohispano.

Extraído del libro: Proyecto de regeneración mayor del ex convento de la Natividad de Regina Coeli.

 

4. El convento en los siglos XIX, XX y XXI

Cabe preguntarse, ¿qué pasó con el convento al finalizar la época colonial? Las funciones del convento tal cual se han descrito continuaron hasta 1861, cuando las Leyes de Reforma implementadas desde 1857 por los liberales, liderados por Benito Juárez,  dejaron a las monjas sin otra opción más que abandonarlo debido a la Ley de Desamortización de los Bienes del clero, que se decretó en 1859. “El edificio fue entregado entonces a la Secretaría de Guerra y se usó como cuartel hasta que el gobierno de la República lo cedió, en pago de créditos, al acaudalado Ramón Obregón.”[7] Poco después, más de la mitad del predio fue dividido y se levantaron construcciones de poco valor arquitectónico.

Algunas décadas después, cuando Porfirio Díaz ostentó el poder, parte del ex convento se utilizó como hospital –el hospital Concepción Béistegui.-, otra parte fue ocupada por la Secretaría de Educación Pública y otra más por el Archivo General de Notarías hasta 1973.

“Actualmente, parte del inmueble es propiedad de particulares. El claustro del inmueble, (…) es administrado por un patronato de la iniciativa privada”[8] Otra parte más es la “Casa-Hogar para Ancianos Antiguo Hospital Concepción Béistegui. Al parecer los patios se usan ahora para eventos sociales, Bodas Regina, artísticos, culturales y se imparten talleres destinados a los ancianos de la casa-hogar.

Lugares para Bodas

Lugares para Bodas

[1] Josefina Muriel, Conventos de monjas de la Nueva España, editorial Jus, México. 1995, p. 20.

[2] Ibídem, p. 73.

[3] Ibídem, p. 75

[4] Ibídem, p. 751

[5] Amerlinck de Corsi, María Concepción y Manuel Ramos Medina, Conventos de monjas. Fundaciones en el México virreinal, Grupo Condumex, México, 1995, p. 52

[6] Ibídem, p. 53

[7] Sandra Cynthia, Bravo Guerrero, Proyecto de regeneración mayor del ex convento de la Natividad de Regina Coeli, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Universidad Nacional Autónoma de México. Facultad de Estudios Superiores Acatlán, México, 2010, p. 41.

[8] Ibídem, p. 77.

  1. Bibliografía.
  • Josefina Muriel, Conventos de monjas de la Nueva España, editorial Jus, México. 1995.
  • Amerlinck de Corsi, María Concepción y Manuel Ramos Medina, Conventos de monjas. Fundaciones en el México virreinal, Grupo Condumex, México, 1995.
  • Sandra Cynthia, Bravo Guerrero, Proyecto de regeneración mayor del ex convento de la Natividad de Regina Coeli, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Universidad Nacional Autónoma de México. Facultad de Estudios Superiores Acatlán, México, 2010.
  • Gisela, Reyes Cabral, El patrimonio de las monjas de Regina Coeli, Facultad de estudios superiores Acatlán, México. 2008
  • García Cubas, Antonio, El libro de mis recuerdos : narraciones históricas, anecdóticas y de costumbres mexicanas anteriores al actual estado social, Editorial Porrúa, México, 1986.

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